DESCRIPCIONES QUIJOTESCAS

Sobre el comienzo de El Quijote, libro más universal de nuestras letras, los alumnos de 3º ESO realizan estas maravillosas y personales variaciones en un ejercicio de creación de cervantinas maneras.

María Braojos, profesora de Lengua castellana.

   En un barrio de Sevilla, allá entre el Porvenir y la Macarena, cuyo nombre no logro recordar, vivía un joven de los de Adidas y mohicano. Uno de tantos que pasaban las tardes tumbado en la acera de las Setas o algún decadente parque con árboles y arbustos descuidados.

Se alimentaba a base de hamburguesas, más del Mercadona que del TGB, patatas fritas y refrescos con gas para toda la España necesitada los viernes. Los sábados lo que pudiera, normalmente los chícharos de su madre o algún filete mal carneado, con más tocino que carne en sí. Los domingos salía y Dios sabe lo que comía. Con sus amigos, nadie sabía, pues eran impredecibles como gacela en vuelo.

Como tal joven era de colegio concertado y familia de “Amén”, pasaba la semana entre uniforme de “Los Salesianos” y camisas de seda no tan tailandesa y más aragonesa. Nunca le faltaban sus zapatos negros de vestir sin cordones, como si de Semana Santa se tratase, o, por más decir, Feria de abril. Claramente, obligado a portar la vestimenta cinco días, los dos restantes se lucía. Abrigo gris de plástico no de gran calidad, siempre de bienvenida marca con zapatos de la misma cuna. Era tal su afán por lucir aquellas prendas que fue confundido con un anuncio mal pagado de Nike. Aun así, todos creían que era símbolo del mal llamado “flow”.

El buen joven no pasaba de los dieciséis, rondaba en su cercanía. Era de complexión atlética, de cabello de madera y rostro volcánico, repleto de rojas erupciones; amante del gimnasio y del término “gandul”. Su nombre era Iván, aunque podía nombrarse como “Mensajero de Dios” o simplemente “Novio de Ángela”, esto dependiendo del grupo con el que se encontrase.

Tenía en su casa una hermana que rondaba los veinte, con buen amigo y todo, y ya asentada en el trabajo diario. También su padre, de nombre desconocido para muchos y que hacía poco había cumplido los cincuenta y nueve; era antiguo legionario de la Armada Española y nostálgico de la ilustre España falangista. Por último, estaba su madre, mujer con aspecto recio y con disciplina de mayordomo. Siendo extremadamente parecida al joven Iván, no se daba mucho de ver por las calles de aquella ciudad. De todos modos, poco importa la actitud de los parientes de este nuestro puberto adolescente, solo importa que en la narración no falte ni una coma de su aventura ni falte por apuntar una de sus muy numerosas carcajadas, siendo fieles a la realidad de lo ocurrido.

Por Héctor González Guichot / 3º ESO D

 En el sur de la Península Ibérica, pero sin llegar a la playa, vive un estudiante de la escuela secundaria, en una ciudad especial, pues tanto calor que la nieve aquí no llega. Este estudiante, que de haber nacido en la Edad Media ya casi estaría casado, despierta de sus sueños a temprana hora, salvo los domingos, días en los que no va a misa. De lunes a viernes, durante la mañana, amplía sus conocimientos sobre el mundo, unos días con más gusto que otros. Luego, unas tardes, deja por escrito estos saberes adquiridos, y otras, vestido de blanco con un cinturón de color, va al tatami y practica el deporte del kárate. Usa ropajes aleatorios provenientes del continente asiático, y en contadas ocasiones se viste de gala, deslumbrando a quienes lo ven. Su calzado es deportivo, apto para correr una maratón. Chanclas y manga corta en invierno, desafiando la temperatura, pantalón corto y la ventana abierta con cinco grados. Comparte morada con padres y hermana menor. Además, vive apasionado por su perro, color café con leche y ojos madera nogal. Su hogar, a cinco minutos andando de cualquier lugar, posee un balcón primaveral y tres distintas habitaciones con altura suficiente para meter a un ternero de jirafa.

Este joven catorceañero, al que llaman Dani o Daniel, posee una curiosa afición por las distintas mitologías, gusto que a veces lamenta porque ¿qué trabajo realizar relacionado con estas?, pregunta que se suele repetir. Le gusta la lectura y el baloncesto, también pasar tiempo rodeado de las personas que lo quieren. Prefiere lo salado antes que lo dulce, y por encima de todo un buen plato de pasta a la boloñesa. Es un chico de curiosos hábitos y extrañas costumbre, a veces bastante peculiar, por ello especial.

 

Laura Nwelati López 3ºD



En un barrio de Sevilla, de cuyo nombre no quiero acordarme, hace unos años vivía una abogada, de las de toga, maletín, zapatos de tacón y muchas prisas .Un cazo con más puchero que lacón con grelos, gazpacho como cena, cola de toro los sábados, tortilla los viernes y puntualmente solomillo los domingos era financiado por juicios, tratos y noches en vela. El resto de sus minutas pagaban trajes de chaqueta, vestidos de gitana para las ferias junto con sus alpargatas a juego y los días de juzgado elegantes pantalones de lino. Convivía con un marido que rozaba la jubilación y dos hijos ni siquiera bachilleres que traían música y deporte al hogar, complementando el áspero mundo donde la protagonista de nuestra historia se desenvolvía. En visitas poco programadas aparecía su primogénito de oficina y corbata, que lo mismo te vendía un piso como te tocaba la guitarra. Muy a su pesar pasaba nuestra letrada la cincuentena, hasta la que había estado formando esta variada familia. Era de constitución media, reducida estatura, mejillas rosadas y una apasionada lectora. Existe una gran disputa sobre el nombre de la jurista, sus familiares la llamaban Maite, pero oficialmente respondía por Ángela. Aunque esto poco importa para narrar la historia de nuestra protagonista, a la que le hubiera gustado más ser considerada como una excelente pianista y no como una pieza más en el ajedrez de la justicia.


Maite González Horgué. 3º ESO B.

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