ENTREVISTA AL DIRECTOR

José F. Báez nos habla sobre sus veintidós años de experiencia en la enseñanza: «Yo creo que lo único que se debe hacer es aquello que os esté gustando, porque la vida es relativamente larga, ahora que me jubilo me parece cortísima»

LEO MARÍN GÓMEZ Y CARMEN BELMONTE RIVERS / Sevilla / 19 MAY 2022 11:30 CEST

P: En primer lugar, me podría decir: ¿A quién tenemos hoy el placer de entrevistar?

R: Estáis entrevistando al director del instituto Velázquez y estoy muy orgulloso de serlo, no creo que sea una persona mucho más significativa que eso. Al fin y al cabo, me identifico mucho con el personaje que represento.

P: ¿Cómo llegó usted a ejercer en el campo de la enseñanza?

R: De joven no me planteé la enseñanza en primer lugar. Yo hice una carrera técnica, hice la carrera de aparejadores y luego terminé arquitectura. Llegué a la enseñanza de un modo casual, trabajando de aparejador para la diputación de Cádiz, me ofrecieron la dirección de una escuela que se iba a abrir en el municipio de Olvera. Era un trabajo meramente técnico, una escuela de oficios. En un momento dado, empecé a trabajar con jóvenes adultos, y me di cuenta de que me gustaba el contacto y transmitir lo que sabía, organizar cosas con ellos. Al fin y al cabo, el director de una escuela-taller es una especie de director de obra que no es otra cosa que lo que yo hacía. Me gustó, preparé las oposiciones y las saqué. Desde muy pronto empecé a trabajar en dirección en distintos puestos. Hasta que conseguí destino aquí, en el Velázquez, y ya llevo 14 años trabajando como secretario y este es mi octavo como director.

P: ¿Qué cree que le gustó de la enseñanza?

R: Me gusta la organización educativa, me gustan las nuevas experiencias, nuevos proyectos. He encontrado un sitio en el que al final resulta que he sido feliz.

P: ¿Por qué decidió dedicarse a la enseñanza?

R: Me gusta el contacto con el alumnado y sobre todo la dirección, el tema de dirigir un instituto no tanto como un centro educativo sino como una obra que hay que seguir a diario, y en esas obras ocurre de todo, problemas en el edificio, hasta problemas académicos con padres y alumnos, etc. Es la profesión que en realidad me gusta, la he buscado porque desde mi comienzo no en la enseñanza reglada sino en la escuela taller encontré que era algo que me gustaba hacer. Puede ser que se deba a que por mi formación técnica me gusta resolver problemas. Ese ámbito de la educación educativa permite solucionar problemas del día a día desde una visión diferente, desde problemas económicos hasta proyectos por realizar.

P: ¿Cree usted que la vocación es importante para ejercer de profesor?

R: Creo que sí, creo que al final para ejercer de cualquier cosa tienes que estar a gusto con lo que estás haciendo, te tiene que gustar lo que haces, si no serás una persona triste que irá a su trabajo entrará con cara amargada y saldrá con cara larga, y estará contando las horas para salir. Entonces, hagáis lo que hagáis haced algo que os guste.

P: ¿Qué le dirías a las nuevas generaciones?

R: Yo creo que muchas veces os planteáis esa pregunta que se le hace a los niños chicos, ¿Qué quieres ser de mayor? Porque es muy gracioso decir “Yo quiero ser astronauta”. Y es posible que no nos demos cuenta, pero estamos condicionando mucho el futuro. Esa pregunta ya no se le dice a los niños de tres años sino ya a un casi adulto. Yo creo que lo único que se debe hacer es aquello que os esté gustando porque la vida es relativamente larga, y ahora que me jubilo me parece cortísima. Sin embargo, la vida da muchas opciones, uno se puede cambiar mucho de sitio y puede hacer muchas cosas. Sin duda, debe ser algo que te esté gustando.

P: ¿No echas de menos la vida como aparejador?

R: Al terminar la carrera, decidí dejar de aceptar obras y terminé las que estaban en proceso. Son decisiones que tienes que ir tomando y ahí, no sólo surgen decisiones profesionales, sino también económicas. Se trata de elegir lo que a uno le guste.

Realmente no os recomiendo que hagáis nada por dinero porque a ricos al final, sólo llegan sinvergüenzas. Sí, hay que tener un dinero mínimo, vivir y viajar pero a partir de eso, no hay que ser tampoco más ambicioso. Tener un poco más o menos de dinero al final no determina tu calidad de vida.

P: ¿Cómo cree que surgieron proyectos como el taller de expresión en público? ¿Hay algún otro que cabría destacar?

R: A ver, yo soy un culo de mal asiento. Algunos lo ven como una ventaja. Una vez sacadas las oposiciones de formación profesional, de teoría del dibujo, decidí cambiarme y acabé haciendo también las de Tecnología. Podías escoger tu plaza ya que, no había casi personal y enseñar Tecnología me apetecía. Llegué al Velázquez con 40 años y pude dar dibujo, tecnología y otras asignaturas afines.

El año pasado fue divertido porque terminé haciendo el taller de expresión en público. Me lo pasé muy bien y al final, hacer cosas distintas es más trabajo. Sin embargo, es mucho más divertido cambiar asignaturas. Ahora, estamos cambiando la tecnología tradicional por temas de robótica. La verdad es que es un tema bastante nuevo y me divierte estudiarlo. Como ya sabéis, no soy una persona de improvisar, me gusta prepararme mis clases.

P: Durante los años que ha estado en el Velázquez, ¿Qué dificultades cree que supone la organización educativa?

R: Ha habido muchísimos cambios, lo que a veces es un problema. Las normas de educación se cambian antes de que la anterior pueda consolidarse. Es normal que haya que hacer pequeños cambios, en todo proyecto hay que hacerlos. Se ven cosas que van a funcionar y otras que no. Arreglemos lo que no funciona y no cambiemos otra vez la ley. Por ejemplo, en relación a los edificios, son construcciones rígidas, no podemos cambiar cada dos por tres o cada vez que se proponga una nueva forma de dar clase, usando clases más pequeñas, más grandes, etc. Hay que jugar con lo que tenemos. No podemos hacer institutos nuevos cada cuatro años.

Ha habido montañas de cambios en el instituto. Físicamente, ha cambiado relativamente poco. Ayer me di cuenta de la cantidad de cosas que se han hecho en estos años y efectivamente, el coste es enorme. Lo más complicado son los cambios legislativos en la educación con muy poco sentido técnico, muy poco sentido práctico y al final, muy poco sentido político. Somos un poco el hazmerreír de Europa a nivel educativo, nuestro sistema educativo lleva funcionando cinco años y a los otros cinco lo cambiamos. Yo creo que sería necesaria una ley de consenso que haga que la legislación educativa tenga una duración de veinte o quince años.

P: ¿Qué cosas cambiaría del instituto o del sistema educativo?

R: Uff, cuantas cosas cambiaría, dios mío. Respecto a la Administración, cambiaría el extraño concepto que tenemos en España de mantenimiento. Aquí se hace un mantenimiento muy lento y muy tardío de los edificios. En el sistema inglés tienen muy claro que el coste de la educación no está en lo material, está en lo personal. Daos cuenta de que aquí hay aproximadamente mil alumnos y somos 93 profesores. Cada 12 alumnos hay un profesor contratado. Entonces, si el coste está en personal, este instituto cuenta alrededor de 5 millones de euros al año, junto al mantenimiento, conserjes etc. y el coste de mantenimiento es poco más de 300.000, no está nada compensado como podréis ver. En el sistema inglés esto está muy claro, en vez de invertir 300.000 en mantenimiento, pues invierten 500.000, que sigue siendo la décima parte de lo que te has gastado en personal. El material es barato en educación y esos medios al final se notan mucho. Vamos siempre a remolque, siempre detrás. Esa es una de las prioridades que yo tendría.

Luego hay otro tema, la propia selección de personal. No os digo más, pero vosotros tenéis profesores y los valoráis de distinta manera, imagino. Eso es algo que habría que pensar.

P: ¿Qué retos piensa que supone la llegada de la nueva era educativa?

R: Acerca de la tendencia de educación por proyectos, que consideran que se aprende lo que se hace, es decir, si has construido eso y sabes cómo funciona, no se va a olvidar. Eso está muy bien para el mundo científico-tecnológico, pero para el ámbito humanístico, a lo mejor no es de tan fácil aplicación. Yo creo que España tiene una sociedad muy pendular, o estamos a la derecha o a la izquierda pero nunca estamos abajo. Vamos a centrarnos un poco y vamos a centrar qué asignaturas necesita qué tipo de metodología y cuál no. Luego, tenemos otro tipo de problema que es prácticamente insolucionable, los más ancianos se quejan de que a los jóvenes no se les enseñan tales humanidades. Cuando tenía vuestra edad no me enseñaron muchas cosas que me hubiese gustado conocer y que desde luego hoy en día son imprescindibles. Si siguiéramos con los estudios que hice yo hace cincuenta años, seríais unos analfabetos digitales. Hoy en día, no se puede consentir que un alumno salga de secundaria siendo un analfabeto digital, porque es entonces un analfabeto funcional.

P: ¿Qué visión de futuro tiene usted del centro?

R: Me defino como un optimista triste, siempre pienso que todo va a mejor, que el futuro va a mejor. Soy una persona que confía mucho en el ser humano y en la ciencia. Soy muy creyente en la capacidad de resolución de problemas que tiene el ser humano. Imaginaros si soy así viendo el futuro del hombre, imaginaros el del centro. Cada nueva hornada de profesores que entran en el centro, es mucho mejor que la anterior. Yo soy un profesor mucho mejor preparado que los que me dieron clase, y los que vendrán detrás de mí serán mucho mejores preparados que yo. Nosotros éramos unos ignorantes con vuestra edad en comparación con vosotros. La educación cada vez va mejor, y los chicos son cada vez más capaces de buscarse la vida. No es porque os considere humanamente mejor que yo, es porque tenéis muchísimas más facilidades que las que tuve con vuestra edad, y habéis aprendido a usarlas. Ahora, la gente piensa mucho más. Antes solo había un carril y no era fácil salir de él. Ahora tenéis muchísimas cosas a vuestro alcance y sois capaces de usarlas. ¿Cómo no voy a ser optimista?

P: ¿Echará de menos la dirección?

R: No voy a echar de menos el trabajo. Me ha gustado mucho el trabajo que he tenido, pero tengo muchas aficiones, tengo muchos amigos y lo que voy a echar de menos va a ser el desayuno con alguien. Lo que voy a tener que hacer es venir el viernes a la Pila del Pato y esperar a que salgan. Creo que hay un tiempo para cada cosa y es lógico que mi vida laboral termine, para dar paso a esta nueva generación, más joven y preparada que yo.

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